Sobre no escribir (Parte II)

Sobre no escribir (Parte II)

Y La Autocompasión. Y Leer Para Procesar. Y El Flujo Creativo.

(Continuación Parte I)

Al principio, lo único que quería era la monotonía. No quería nada más que dormir-trabajar-comer-repetir. Después de una semana de esto, aún no tenía ganas de escribir, pero creo que el escritor en mí estaba comenzando a despertarse, porque ahora necesitaba leer. Y leí. Leí y leí y leí. Leí cuando no podía dormir, leí en mi coche a la hora del almuerzo, leí párrafos en voz alta para mi perro, y leí hasta devorar cada palabra no leída en los libros de mi mesita de noche.

Mientras leía, surgieron nuevas asociaciones sin ser buscadas.

Me identifiqué en unas memorias en la que la autora habla de encontrar su voz como escritora, de aceptar ‘la cabrona’ en su tono de escribir. ¿Quién no sería un poco cabrona después de toda la violencia que había sufrido?, pensé. Admiré a la autora mientras la leía. Estaba segura de que su proceso iba a ser mi proceso, también. Yo también quiero poder mirar mi vida y decir en voz alta a las personas relevantes:

Sé que no fue tu culpa, pero toda esa mierda que hiciste y no hiciste no estuvo bien, y tengo el derecho a contarlo, a reconocerlo, a escribir sobre ello si un día me apetezca.

(Libro: Leaving Isn’t The Hardest ThingLauren Hough)

A lo largo del mes, volví a leer una colección de cartas, de un escritor a otro, que siempre me había encantado. Entre capítulos de mi novela, elegí una carta al azar, y me sumergí en su belleza y generosidad. El escritor aconsejaba a su interlocutor que tenía que escribir para nadie más que sí mismo. Decía que era importante rechazar las trampas de audiencia y publicación. Esto resonaba más profundamente conmigo que durante mi primera lectura, hace muchos años.

(Libro: Letters to a Young PoetRainer Maria Rilke)

Todavía no sentía ganas de escribir, pero ahora estaba pensando en la escritura, en mi escritura, en por qué había tenido tanto impulso de escribir, qué reconocimiento estaba buscando, y por qué había tenido el instinto de dejar de hacerlo durante un rato. Me pregunté si ser leída estaba haciendo que escribiera de una manera menos sincera. Y si fuera así, tendría que volver a expresarme desde la honestidad pura. Esto es muy importante para mí porque recuperar mi voz y espíritu después de la adicción está siendo un proceso muy, pero muy, bonito. Soy una persona intensa, lo sé. Pero a mí me gusta esa parte de mí, y no podría cambiarlo aunque quisiera. Durante todos los años de consumo, no tenía ni idea de quién era realmente. Voy a hacer todo lo que pueda para mantenerme fiel a quién soy a partir de ahora, para seguir descubriendo mi voz, para escribir solo para mí misma, no para los aplausos de los demás.

La maravilla de estos días insulares de lectura se interrumpió cuando, de la nada, descubrí que no todo estaba bien en mi cuerpo reproductivo. No tengo ningún deseo de decir aquí qué es lo que me había pasado. En otro momento, tal vez. Basta con decir que fue un shock, tuve que someterme a una intervención quirúrgica, y que todo el proceso, aunque breve, fue traumático de cojones.

A raíz de este trauma, y como siempre lo ha hecho a lo largo de mi vida, la naturaleza me llamó. ‘Solvitur ambulando’, me susurraba, y me puse el abrigo y salí de casa.

He caminado por el parque natural cerca de mi casa cientos de veces, pero sus poderes curativos siguen siendo tan fuertes como el primer día. Mientras caminaba y respiraba el aire verde, y miraba las nubes cargadas de lluvia, y admiraba las delicadas flores amarillas de primavera, y dejaba que las gotas de lluvia corrieran por mi nariz, me abandoné a ese hermoso fenómeno humano: el flujo creativo. Los pensamientos salieron de sus escondites. Los experimenté en ondulaciones perfectas y salvajes. Se movían por sí mismos antes de encontrar su lugar en el orden natural de todas las cosas que me habían ocurrido en las semanas previas. El viaje a Irlanda, mi autocompasión naciente, Frances y sus ciclos destructivos, la sabiduría de Rilke, la trampa de la audiencia, la aguja del anestesista, mis ovarios rebeldes, la valentía del escritor y la mía. Todo se asentó, como sedimento cayendo, como granos individuales de arena que se fusionan en algo nuevo. El flujo creativo. Todo lo que me había pasado, todo lo que había leído y todo lo que no había escrito se unieron en una hermosa composición caleidoscópica. Todo ello tenía sentido y todo iba a estar bien. El flujo creativo.

Me di la vuelta para abandonar el parque, pero no antes de echar otro vistazo sobre los montículos verdes y pozos arenosos de Madrid en primavera. Y justo entonces, en ese preciso momento, la necesidad de escribir volvió a despertarse. Allí, entre los madroños, en un terreno particularmente frondoso, ‘vi’ el contorno inconfundible del cuerpo de una mujer muy embarazada. La hierba y las flores de primavera cuyos nombres desconocía habían crecido sobre la mujer, donde debe haberse tumbado hace mucho tiempo. Pero el tiempo no había disuelto su forma corporal. La tierra la había tragado, pero solo debajo de su capa más superficial, y ella y su barriga embarazada se convirtieron en un mogote de barro y flores. ¿Quién era esta mujer? ¿Qué la había traído aquí a este lugar solitario? ¿Y por qué sentí tanta paz ante esta trágica aparición? Estas eran las preguntas que ya se estaban formando en mi mente mientras salía del parque y caminaba hacia casa. Un cuento había surgido del flujo y exigía ser contado.

En los días siguientes, el resto del cuento vino tan fácilmente, casi urgentemente. Un detalle o dos que me habían faltado, y un significado que se me había evadido, se revelaron en los sueños y pesadillas de las noches que siguieron. Lo único que me queda por hacer es sentarme y escribirlo.

Me pregunto si No Escribir por un tiempo ha sido lo mejor que he hecho nunca por mi escritura. Yo lo siento así. Y aunque haya sido un mes difícil, también me ha gustado. Ha sido un mes de introspección, de batallas que terminaron en amor propio, y muy importante para la recuperación de la adicción, ha sido un mes de aceptación.

Estoy orgullosa de mí misma. He estado haciendo el trabajo en mis terapia y hostia, estoy viendo los resultados. Hace un mes, mis entrañas hablaron y pude escuchar. Hice lo que mi cuerpo quería que hiciera. Y como resultado, procesé algunas cosas bastante duras, sentí autocompasión, volví a un yo más honesto, y creo que quizás, me convertí en una artista.

No voy a darle más que una revisión light a este texto. No quiero ofrecerle oportunidad a la parte maliciosa de mí misma. Es una cabrona. Seguro que diría algo como…

Joder tía, todo esto suena un poco maníaco, ¿no? ¿Y lo de convertirte en una artista? Menuda flamenquería. Tal vez no deberías compartirlo con nadie, ¿qué van a pensar de ti?

No, este texto tiene que salir tal cuál, sin ediciones avergonzadas.

Gracias, sinceramente, por leer.

Espero que hayas encontrado algo verdadero para ti en lo que has leído.

Siobhan

Comentarios:

Un comentario en “Sobre no escribir (Parte II)


  1. Mikel
    19 Abr

    Comentario de prueba.

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