El policonsumo es la norma, no la excepción
Vozpópuli ha publicado un amplio reportaje sobre la evolución del consumo de drogas en Europa, y desde Fundación Hay Salida hemos tenido la oportunidad de aportar nuestra experiencia clínica diaria a este debate. El artículo «La creciente amenaza de las drogas en Europa: cocaína en auge y sustancias sintéticas cada vez más potentes» retrata un escenario cada vez más complejo: más sustancias, más combinaciones entre ellas y más incertidumbre para quien consume sobre lo que realmente está tomando.
Un mercado de drogas cada vez más impredecible
El reportaje recoge cómo Alemania ha encendido las alarmas por el aumento de muertes por drogas entre jóvenes, con un repunte especialmente marcado en los casos vinculados a la cocaína. A escala europea, los datos más recientes de la Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA) sitúan en más de 7.500 las muertes por sobredosis registradas en 2024, con un crecimiento especialmente preocupante entre las chicas jóvenes.
En España, el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA) confirma una tendencia que en Hay Salida vemos reflejada constantemente en nuestros programas: la cocaína continúa siendo una de las sustancias más presentes en los fallecimientos por abuso de drogas, solo por detrás de los hipnosedantes.
Nuestra aportación: el policonsumo ya no es la excepción
La parte del artículo en la que participamos directamente aborda uno de los fenómenos que más está transformando el panorama asistencial: el auge del policonsumo. Nuestro director, psicólogo al frente de la fundación, resume así lo que observamos en el día a día de nuestros recursos:
«El policonsumo es la norma, no la excepción.»
Esta idea no es solo una observación clínica, sino un cambio de paradigma en cómo entendemos y abordamos las adicciones. Los datos del reportaje lo confirman: en España, la práctica totalidad de los fallecimientos analizados toxicológicamente presentan más de una sustancia, y en Alemania la inmensa mayoría de las muertes por drogas del último año estuvieron relacionadas con intoxicaciones por varias sustancias a la vez.
Como también recoge el artículo, este policonsumo no siempre es una decisión consciente de la persona consumidora: cada vez es más habitual que quien consume no sepa con certeza qué sustancia —o combinación de sustancias— está tomando realmente, debido a la adulteración y a la aparición de nuevas sustancias psicoactivas que imitan otras ya conocidas.
Por qué esto cambia nuestro trabajo
Este contexto reafirma la validez de nuestro modelo de tratamiento multidisciplinar. Cuando el policonsumo es la norma, no basta con tratar una sustancia de forma aislada: es necesario un abordaje integral que combine intervención médica, psicológica, social y educativa, coherente con la definición de adicción de la ASAM (American Society of Addiction Medicine), que entiende la adicción como una enfermedad crónica y tratable que afecta a los circuitos cerebrales de recompensa, motivación y memoria, y no como una simple cuestión de sustancias.
La aparición de opioides sintéticos extremadamente potentes —como los nitazenos, activos ya en microgramos y capaces de provocar sobredosis con cantidades mínimas— añade una capa adicional de riesgo que exige reforzar la formación de los equipos profesionales y los sistemas de alerta temprana, tal y como reclaman los expertos consultados en el reportaje.
Nuestra propuesta: cinco líneas de acción
Desde Fundación Hay Salida, con más de 15 años tratando adicciones a sustancias y a conductas en personas sin recursos económicos, creemos que la respuesta a este panorama no puede quedarse en el plano informativo. Proponemos cinco ejes de actuación:
1. Tratamiento profesional y multidisciplinar desde el primer contacto, entendiendo la adicción como una enfermedad con origen en experiencias adversas, no como un problema de voluntad.
2. Recursos residenciales y pisos tutelados como herramienta preventiva de recaídas, ofreciendo un entorno seguro cuando el ambiente familiar o social del paciente no lo es.
3. Implicación activa de la familia, porque la recaída rara vez es un fenómeno individual y el acompañamiento debe extenderse al sistema de relaciones del paciente.
4. Atención prioritaria a los colectivos más vulnerables —jóvenes y personas sin recursos—, adaptando plazas y financiación a la realidad económica de cada caso.
5. Desarrollo de habilidades sociales y autonomía personal como parte del propio tratamiento, para que la reinserción laboral y social sea la mejor garantía frente a futuras recaídas.
Agradecemos a Vozpópuli el espacio para compartir esta perspectiva, y seguiremos aportando nuestra experiencia allí donde pueda ayudar a entender mejor —y a responder mejor— a los retos que plantean las adicciones hoy.