Soy una enferma del alma

Testimonio de una adicta que, casi tres años de tratamiento, ha dado la espalda al abismo.

No soy marginal, ni vengo de un entorno desestructurado. Mi familia es de clase alta y he gozado de una educación exquisita tanto en España como en el extranjero. No he tenido traumas graves y he estado siempre rodeada de mucho amor. Soy Abogado en ejercicio y he tenido una brillante trayectoria profesional.

Y tengo la fortuna de ser alcohólica.

He estado literalmente en el infierno, en el abismo y al borde de la muerte. De la copa a la luz de la luna llegué a beber alcohol etílico para calmar el síndrome de abstinencia. Sé lo que es no tener más compañía que la botella (el único amor letal al que he sido absolutamente fiel). He vivido ebria, anestesiada emocional y físicamente para no ser consciente de nada, sólo vagar, flotar en el mundo irreal que mi mente llenaba de fantasmas, pánico, culpa y desesperación.

Sé lo que es que la pesadilla empiece cuando uno despierta (si es que se puede conciliar el sueño). Sé lo que es tener que beber cualquier clase de alcohol para calmar temblores, taquicardias, falta de respiración y ansiedad. Sé lo que es ser consciente de estar muriendo y depender del veneno del OH para incluso poder respirar. No hay mayor desesperanza que saberse muerto en vida y no poder hacer nada para ello, simplemente dejarse morir, malmorir malviviendo.

No importaba la dignidad, yo no me consideraba ni siquiera digna de mí misma, no  me importaban (aunque me dolían a muerte) la familia, amigos, trabajo, toda una vida de esfuerzos, ilusiones, anhelos y reveses. Una sola copa prostituía mi existencia sin esperanza e hizo que abandonara todo en un viaje sin retorno al infierno del que renegaba pero que sabía que inexorablemente era mi final cercano. Ni siquiera tenía pena de mí misma. Me detestaba.

Yo bebía sola, en casa, a escondidas, reprochándome cada copa que tomaba. En la calle, casi hasta el final pude mantener mi imagen de bebedora social. Mi refugio eran esas cuatro paredes donde los últimos seis meses de mi vida de alcohólica en activo estuve encerrada, borracha y sufriendo como sólo un alcohólico podrá comprender.

Llevo casi tres años rehabilitada, mejor dicho habilitada por primera vez en mi vida. Los daños físicos (que aunque tremendos, fueron pronto revertidos) sanaron y puedo decir con la voz bien alta que soy plenamente feliz y mi vida está llena de energía, esperanza e ilusión.
Mi madre me parió dos veces, una al nacer, y otra cuando gracias a su tesón me ingresó (arrastrándome como a un zombi) en, para mí y muchos, el mejor centro de tratamiento de toxicomanías de España. Sigo en tratamiento.

Pero lo más fácil en la recuperación de esta enfermedad fue dejar de consumir (todo –alcohol, cocaína, hachis, benzodiacepinas, éxtasis, anfetaminas, etc.- es igual, producen los mismos efectos en el cerebro, aunque no interese informar de ello). Lo duro comienza cuando uno se desintoxica y deshabitúa y trata de asumir la persona que es sin drogas.

Tengo a mi lado el apoyo de mi grupo de terapia y a la familia, a quienes no sólo debo la vida, sino que me han ayudado a aceptar que soy una enferma del alma, de los sentimientos trastocados; que no soy una viciosa y que no tengo culpa por ello.

El camino de la recuperación, largo y duro, es apasionante, por eso me considero afortunada. A lo largo del mismo he ido soltando lastre, detritus, he perdido a personas que me han dolido y me he quedado desnuda frente a mí,  por fin me he conocido, aceptado tal y como soy, me he perdonado y me quiero.

Soy alcohólica y he tenido mucha suerte. Otros no tanto, pero les diría que se dieran una oportunidad; que dejen de manipularse a ellos mismos y a su entorno con mentiras; que la vida no les ataca; que no son víctimas de nada y de nadie salvo de ellos mismos y que pese a la desinformación, a la imagen prostituida de esta enfermedad y al rechazo social, miren hacia delante con esperanza, pues no hay experiencia más apasionante que la de encontrarse a uno mismo.

2 Responses to “Soy una enferma del alma”

  1. luisa 1 mayo, 2013 at 13:14 # Responder

    Enhorabuena por haber salido, ser feliz, tener el apoyo profesional y de tu familia.

    Está muy bién escrito el artículo, me extraña que nadie haya hecho un comentario, pués este artículo puede ayudar a personas que se encuentren en la situación de la que afortunadamente ha salido Admin.

    Soy abstemia pero entiendo lo que ha tenido que sufrir.

    Un beso muy fuerte Admin. Te deseo mucha suerte y mucho ánimo. Luisa.

  2. Elena 11 julio, 2013 at 19:16 # Responder

    Hola, te doy mi mas sincera felicitación por haber conseguido salir del hoyo de esa enfermedad tan compleja, soy madre de un alcohólico y ex esposa de otro. Estoy luchando para que mi hijo salga también a la luz y pueda dejar de sufrir, se que El no vive, solo lucha por no morir del todo, pues está sin ilusión ni alegría, sin casi nada, solo con el daño cerebral y físico que le ha dejado el toxico durante 23 años.
    Yo también estoy adicta a mi hijo, pues he visto morir a un amigo y tengo terror, pesadillas, ansiedad, depresión, y todo lo que conlleva ver a un hijo en estas circunstancias, pero sin perder la esperanza de que algún día, mi hijo pueda renacer y vivir de verdad. Gracias por tu testimonio. Un beso y sigue firme , seguro que tu puedes conseguirlo de por vida!!!

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