Testimonio: Cuadraditos

Llegué a la Fundación el 26 de Enero de 2012, tenía 52 años y estaba arruinado física e intelectualmente. Toda mi vida había dependido de un montón de sustancias y de pronto me planteaba que tenía que seguir adelante prescindiendo de todas ellas.

El primer día me dijeron que tenía que seguir la rutina escrita en unos cuadraditos que me dieron para que pegara en la puerta de la nevera. ¡VAYA CHORRADA! A mí, que toda mi vida había hecho lo que me había dado la gana, que había triunfado en un montón de aspectos, quizás no en los esenciales, pero si en muchos, que había organizado empresas y dictado lo que tenía que hacer en cada momento a la gente que de mi dependía, que había alcanzado grandes logros, quizás no los esenciales, pero si muchos, a mí me iban a reducir a unos cuadraditos ¡Lo tenían claro!

A quien pretendían convencer de que yo iba a solucionar el hecho de que no me apeteciera ni lo más mínimo seguir viviendo en el infierno en que vivía, por el simple hecho de seguir lo que marcaban unos cuadraditos. La idea no tenía ni pies ni cabeza, pero en fin, estaba claro que yo, a pesar de todo lo que creía que había conseguido en la vida, aunque no fueran las cosas esenciales, no lo había hecho tan bien como creía, y lo que estaba claro es que no tenía nada que perder, más que nada porque todo lo que creí haber conseguido lo había perdido y las cosas más esenciales en la vida de un hombre como la dignidad, el amor, el respeto a uno mismo y a los demás, esas nunca las había tenido.

Pues me puse a ello, no quedaba otra, cada día lo mismo, cada día levantarse a la misma hora, cada día al gimnasio, terapia, 5 comidas, siesta, paseo, footing mental y a la cama… ¡menudo coñazo! Me agarré a mi silla y no me moví, y aun hoy, 26 meses después, todavía no me he movido. Deje que pasara el tiempo, dije cada chorrada que me salió por la bocaza en mis terapias y cumplí cada día con mis cuadraditos.
Con el tiempo algunas cosas fueron cobrando sentido, las ideas se iban poniendo un poco más en orden en mi cabeza y las cosas esenciales iban apareciendo. No me lo podía creer, me estaba empezando a convencer de que podía vivir, y vivir bien sin necesidad de drogas.

Todavía hoy supongo que esto irá conmigo toda la vida, me despierto algún día con ganas de mandar a la mierda todo y a todos, sin encontrar mucho sentido a las cosas y con pocas ganas de seguir adelante. Entonces echo la vista atrás y recuerdo como llegue aquí, me ponga como me ponga en el peor día de mi vida actual, no lo cambiaría ni loco por el mejor día que recuerdo de mi vida anterior y eso me reconforta. Y en el peor de los casos, cuando lo veo todo negro, cuando me faltan las fuerzas, cuando mi enfermedad me impide ver la realidad de todo lo que la vida me ofrece, cuando ya he agotado todos mis trucos para encontrar el optimismo, entonces llega la magia de agarrarte al principio de todo, a aquello en lo que no creías, a eso que te parecía una chorrada, a mis benditos cuadraditos.

Fernando

2 Responses to “Testimonio: Cuadraditos”

  1. Belén García-Martín 5 marzo, 2014 at 17:36 # Responder

    Qué difícil es abrir el alma, eh?.
    Eres grande, y te admiro.

  2. nuria 16 junio, 2015 at 11:48 # Responder

    y si el no quiere?

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